Hace once años, en un pequeño local dentro de una galería de arte en Playa del Carmen —con apenas espacio para algunos bikinis y accesorios— comenzó la historia de Sandmade. Lo que empezó como un proyecto íntimo hoy ha encontrado un lugar propio como marca de trajes de baño y ropa de playa mexicana, construyendo un universo creativo que habla de libertad, cuerpo y sensibilidad.
Durante nuestra conversación con Josune Abascal y Alfonso Canibano, fundadores de la marca, quedó claro que Sandmade no empezó como un gran plan de negocio, sino como una apuesta profundamente personal. "Me fui a vivir a Playa del Carmen a los 20 años con una idea muy clara: quería tener mi propio negocio", comparte Josune. "Después de algunos años trabajando y ahorrando, decidí apostar todo por ese sueño". Y así empezó todo.
Lo que hoy es una de las propuestas mexicanas de beachwear con identidad más definida nació desde algo mucho más simple, pero también más poderoso. "Nace desde las ganas de crear algo propio, de construir una vida cerca del mar y de diseñar una marca de bikinis que realmente conectara conmigo". Sandmade es, en muchos sentidos, una extensión de la vida de sus creadores. Josune y Alfonso se conocieron y desde el principio compartieron una misma inquietud: emprender. "Siempre estuvimos alineados en construir algo juntos, desde cero", cuentan.
La dinámica entre ambos ha sido clave en el crecimiento de la marca. Mientras Alfonso se enfoca en la parte estratégica y financiera, Josune se mueve desde la intuición y la creatividad. "Nos complementamos muchísimo. Él es muy analítico y estratégico, enfocado en los números; yo soy mucho más creativa, intuitiva y visionaria. Esa mezcla ha sido clave para que Sandmade exista hoy".
Hablar de Sandmade es hablar de una forma de habitar el cuerpo, ligera, segura y en movimiento. La marca nació en Playa del Carmen, y esa geografía emocional sigue presente en todo lo que hacen. "Sandmade nace de la libertad que se siente al estar en la playa, del arte, de la moda… de un estilo de vida".